sábado, 29 de diciembre de 2012


Evangelio según San Lucas 2,22-35
Comentario por: David Quiroa

“Mis ojos han visto la salvación” 

El anciano Simeón estaba esperando la llegada del Mesías, con fe firme. 
Nosotros, tenemos la dicha de saber que ya vino, lo hemos visto, conocemos de su existencia y podemos adorarlo.

La diferencia entre nosotros y Simeón, es que él ya solo esperaba la muerte mientras nosotros podemos esperar la vida. Viene un nuevo año civil, una nueva  oportunidad para empezar otra vez,  con energía renovada, con más fe y más esperanza. 

Que este Niño que ha nacido sea causa de nuestra elevación durante el Año Nuevo.

El ejemplo de hoy: San Tomás Becket,  joven arzobispo de Inglaterra, mantuvo la paz entre el Rey y la Iglesia. Aunque el rey lo mandó matar, más tarde se arrepintió y se reconcilió con el Papa.
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Evangelio según San Lucas 2,22-35

Cuando llegó el día fijado por la Ley  de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley:  Todo varón primogénito será consagrado al Señor.

También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel.  El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.

Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en brazos y alabó a Dios, diciendo: 

“Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel”.

Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.  Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre:  Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti una espada te atravesará el corazón.  Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”.

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